Expediente

Noventa y dos días confinados

Desde la antigüedad los artistas e intelectuales han sido hostigados, vilipendiados o declarados personas non gratas. Sócrates fue condenado a morir envenenado y además de sus conocimientos nos heredó una palabra: cicuta. Aristófanes fue perseguido por descalificar la forma en que los machos alfa ejercían el poder y dictaban las reglas de convivencia social. Pero a los artistas y pensadores, y a la sociedad que los prohíja e impulsa no los asusta cualquier cosa, ni siquiera este lacerante, incierto y empobrecedor confinamiento que nos transformó la primavera en una cadena de información sobre muertos e infectados, que además nos impidió ver y disfrutar el aroma de las flores, el canto de los pájaros y el fresco de los atardeceres con lluvia o sol.

A lo largo de la historia la humanidad ha sufrido terribles pandemias. No es claro el papel que el arte de las diversas épocas ha jugado para sobrellevar el encierro. Lo que es verdad es que las obras maestras han conseguido pasar cada uno de estos negros túneles. ¿Cómo fue esto posible? Porque uno o varios individuos las hicieron sobrevivir como un signo de grandeza y de que la sensibilidad al arte no desaparecerá jamás. Y en ese contexto estamos. La presente pandemia nos ha puesto frente a nosotros mismos y podemos dejar que lo peor se manifieste; hay noticias de agresiones en los hogares, de absoluta desobediencia a las reglas que impone el confinamiento, de que se han cometido delitos de todo tipo, desde saqueo en supermercados hasta asesinatos a mano armada. Desconozco las circunstancias particulares de los casos y por lo mismo no ahondaré en el tema. A la par, destaco que un numeroso grupo de personas de todas las edades ha hecho valer la intención de vivir lo mejor posible durante la pandemia.

El asunto es, aunque parezca increíble, que el arte puede ayudar a sobrellevar esta estadía forzosa con suficiente placer y sentido de la vida hasta que podamos salir de casa sin correr un peligro mortal. Es interesante cómo artistas de géneros musicales del gusto del gran público han grabado y compartido en redes su música. También las propuestas de grandes maestros para aprender a tocar instrumentos son tentadoras; igualmente, los talleres de formación literaria se han multiplicado. No es un secreto, pero encontrarse consigo mismo implica una serie de ejercicios que nos mueven entre lo que podemos ser y lo que no. La pandemia puede servir para ubicarnos. Para definirnos frente a los pocos, pero grandes retos de la vida. Todos somos algo más que un reflejo en el espejo, que nuestra voz, nuestro aroma, nuestra risa, nuestro sentido del humor o nuestra inteligencia.

¿Desde cuándo no escuchan una ópera completa? Pues empiecen con Carmen o El barbero de Sevilla, permitan esa profunda invasión acústica y sepan que el tiempo perdido no existe; ¿cuántos libros esperan a que los tomen? Lo sé, una biblioteca es un proyecto de lectura y cada ejemplar contiene, en alguna página, algo que es sólo para nosotros; quizá por eso sea realmente un paraíso, y no olviden el infinito placer de la relectura. Es un reencuentro único. ¿Neruda, Paz o César Vallejo? Leer, reflexionar, decidir y practicar el gusto. ¿Fuentes, Del Paso o Rulfo?, ¿García Márquez, Cortázar o Vargas Llosa?, ¿Rivera, Orozco o Siqueiros?, ¿bacanora, tequila o mezcal? Al final todo puede ser un puente para redescubrirnos. Es factible recorrer las mejores bibliotecas del mundo, ver películas y series, cocinar, aplaudir a los trabajadores de la salud, conversar sobre las experiencias estéticas que estamos detectando y pensar otra vez en nosotros. Dicen que el mundo cambiará después de la pandemia; sin embargo, no ocurrirá si nosotros no cambiamos, así de sencillo.

Entonces crearemos una nueva cotidianeidad y será tan variada y profunda en tanto que logremos enriquecerla con la mejor herencia que las generaciones anteriores nos han legado. Partamos de comprender la importancia de la cultura en nuestras vidas, el sentido de la belleza y del conocimiento en el desarrollo de nuestra sensibilidad estética. ¿Frida Kahlo era solamente una artista trágica?, ¿su obra tiene alguna relación con Picasso o Modigliani? Será más fácil participar en un nuevo orden si aprendemos a pensar profundamente, algo que nos permitirá comprender nuestro estado de ánimo y rechazar la estupidez. Si nuestra vida interior es sólida y poderosa, no seremos víctimas de la desesperación ni de la desesperanza; interpretaremos con acierto la realidad y la información que no dejará de llegarnos. Nos sentiremos más seguros, más dueños de nosotros mismos y de nuestro futuro.

Al parecer, durante un tiempo, nadie sabe qué tanto, no habrá novedades en libros, grabaciones de música o viajes a lugares amados. A lo largo de varios meses no podremos visitar museos ni estadios deportivos. Todos queremos que abran los bares y los restaurantes, pero tendremos que esperar; lo mismo con los templos religiosos; las playas y lugares de recreo también deberán aguardar. Aunque pocas cosas permanezcan igual, estaremos preparados para el futuro. Hace poco, antes de morir, George Steiner declaró en una luminosa entrevista que cada vez los egresados de las universidades del mundo terminan sus estudios carentes, casi por completo, de cultura. Se refería a que éramos incapaces de instalarnos en un lugar a escuchar música sin que estuviéramos haciendo otra cosa; señalaba que eran demasiado pocos los que leían poesía, cuentos y novelas, y mucho menos ensayos. Que cuando visitábamos los museos pasábamos corriendo frente a las obras maestras y que nuestro esfuerzo por ver e interpretar una escultura era mínimo. Pues bueno, aprovechemos estos días para llenar esos vacíos y afirmarnos como personas de nuestro tiempo. No perdamos la oportunidad de cultivar lo mejor de nosotros mismos y demostrar que estamos hechos para lo que venga. Si estos noventa y dos días han sido para reencontrarnos, que los siguientes sean una auténtica delicia. Será más fácil si buscamos a los artistas y pensadores para reforzar nuestra nueva identidad, esa donde seremos dueños absolutos de nuestra época.

 

Culiacán, Sinaloa, México

 

 

 

La Bitácora del encierro es un proyecto de la UAM Cuajimalpa