Expediente

Hacia atrás

En el momento en que él comenzó a reírse sentí el balanceo, sí, en ese preciso momento; es decir que comenzó a reírse en la pantalla y entonces me caí hacia atrás, la reunión apenas acababa de comenzar, la pseudo-reunión virtual, y comenzó a reírse, eran tres, tres recuadros frente a mí, tres seres irreales que intentaban representar el vínculo que me quedaba con el mundo de afuera, el mundo del “trabajo” y lo que quedaba de él, de la cortesía de la seriedad si acaso, tres seres virtuales intentando guardar las apariencias de una vida real, tres si acaso vivos, tres escasos seres, infinitamente menos seres puesto que el infinito reducido en miles de pixeles reducido infinitamente, pero es lo único que todavía quedaba de los humanos y un-1280×1024-pixeles-vale-más-que-tres-vivos-lo-tendrás, incluido uno de ellos que comenzó a reírse, pero con una risa que en sí misma infinitamente estaba reducida por los cables las frecuencias el núcleo las soluciones gráficas todo lo que comprime condensa contiene contrae el mundo para despojarlo de hasta los últimos ápices de infinito, existen los reductores de cabeza y además los reductores de vida, aquellos que nos pierden en un laberinto de espejos donde se entrevén algunos reflejos del mundo, pero el mundo no es eso, no es esas imágenes de sí mismo, no es esa pantalla tan fea, no es esas tres escorias frente a mí, virtualidades del ser, no, no es esa risa menos viva, esa risa tan vacía como una astilla que lastima, cuando me fui hacia atrás, como en una especie de desmayo que no era uno, en la pantalla en su recuadro él comenzó a reírse y yo comencé a hacer ese movimiento hacia atrás, me vi obligado a comenzar casi al mismo tiempo que él, hacia atrás obligado a dejarme caer o más que nada a lanzarme sin entusiasmo hacia atrás, el espacio, era como si me dejara caer pero con impulso, sin ninguna aprehensión física, como si supiera que algo transformaría mi caída, transformaría mi pena que algo reemplazaría el piso algo que sería más fuerte que la gravedad algo que me decía rotundamente que me cayera hacia atrás —yo digo: sin ninguna aprehensión física porque desde luego moralmente no era lo mismo estaba en una forma de sideración extraña, como si me hubiera convertido en una especie de marioneta consciente, títere dotado de vida, clase de hombre articulado sí había que irse abandonar esa reunión de lo infinitamente pequeño, irse y ese imperativo era en sí mismo su propia encarnación la palabra es el acto sí caer pero como una zambullida voluntaria, acepté: hacia lo desconocido— como un voluntario sí un pionero que aceptó irse, el primero, hacia atrás tomé ese riesgo inmenso extraordinario inédito pero apenas un instante me lancé apenas con un pequeño movimiento —sentí que el tiempo se volvió más lento extraña afirmación imposible de sentir el tiempo imposible y sin embargo fue lo que pasó sentí el tiempo físicamente el tiempo era físico se transformaba el tiempo completamente dilatado lento y además caía sin velocidad en el tiempo lento hacia atrás y veía sus tres rostros-sucedáneos diluidos en sus sucedáneos recuadros que me miraban fijamente, sonrisas vagas y la ausencia de risa que continuaba su recorrido bajando como yo, la poca-risa que se extinguía lentamente y luego hubo ese momento de sorpresa, sus si-acaso-miradas y sus si-acaso-bocas que cambiaban y pensé en sonreírles vagamente, sonreírles como la idea de una sonrisa o el recuerdo de lo que hubiera podido ser una sonrisa, una sonrisa que les hubiera hecho, sonreír el rastro de ese recuerdo ese pensamiento pensar sonreírles pero ya no era necesario, uno de ellos movió la mano hacia mí pero evidentemente no podía ir más allá de su imagen de recuadro su apariencia de espacio infinitamente reducido cuando abrió la boca —¿era un grito? Ya no sabía bien— pensar que sobre todo no había que gritar —parecía comprender algo, extendía su brazo cada vez más lejos y se deformaba incluso a fuerza de comprender se estiraba indefinidamente hacia delante mientras que la risa se agotaba y que él se distendía se desarticulaba yo continuaba cayendo— nunca me rebajé a regresar nunca permanecí digno permanecí entero aceptar eso me sucedió en seguida, dejarlo ir sobre todo no querer nada buscar anticipar y no adivinar nada —algo en las leyes de la física parecía haberse modificado porque siempre seguía cayendo siempre no sabía desde cuándo el piso tal vez se había abierto sin duda el piso se había abierto porque mi caída parecía continuar hacia atrás o entonces el mundo se había transformado de hecho todo se nublaba un poco ante mis ojos todo se revolvía y permanecía así durante ese tiempo dilatado movimiento de mi cuerpo hacia atrás estructura fija de mi posición y es más o menos en ese momento en el que dejé de verlos ya no vi sus ojos de micro-seres, sus pocas-miradas lisas pixel tras pixel se disiparon era muy simple y casi bello una desaparición como si todo fuera sólo apariencia finalmente dispuesta a diluirse disuelta como la tinta en el agua una turbación de humo esos rostros desparecidos espejismo de agua colorida y por unos instantes la pantalla blanca luego también la pantalla se disipó de hecho suprimió todo se desvanecía ya no más mesa ya no más habitación incluso lo real el mundo me hacían dudar me iba aceptaba esa lógica y todo desaparecía y luego como un ligero un sutil suspiro de todas mis células un largo estremecimiento un interminable alivio, ligereza infinita sí lo infinitamente pequeño finalmente tal vez, deglutido— ¿pero más bien no sucede que el tiempo ya se había detenido sí esa risa era como una brecha en el tiempo, o más bien la herida que me había provocado esa semi risa, esa infinitamente-menos-risa, como un barranco una apertura donde yo seguía cayendo cayendo en ese inmenso espacio sin tiempo era lento infinitamente lento y sólo había la idea de un vértigo, todo había desaparecido había olvidado olvidado lo que eso significaba, nada? —caer y mi cuerpo también se desvanecía ligereza ya sólo era un remanente de conciencia una presencia que se desvanecía aún así decir había aceptado decir me iba pero no queda nada ilusión como si mi ser estuviera suspendido en ese espacio sin tiempo ese espacio deforme débil conciencia encima, conciencia como una suspensión de mi ser algo como un hilillo de pensamiento un hilo muy fino dejar ese espacio una ilusión— ¿mi ser?

 

Traducción del francés de Adriana Romero-Nieto

La Bitácora del encierro es un proyecto de la UAM Cuajimalpa