Expediente

Días guardados

Lunes 9 de marzo

“Abrí ese negocio para salir adelante con mis hijos, porque el marido desapareció, ¡como desaparece la grasa con Axión!”, afirma una vendedora de tacos con una risita. En otro mensaje comercial, unas muchachas rebeldes, “libres e hidratadas”, manifiestan blandiendo en su puño su botella de agua Bonafont. Últimamente los anuncios de la tele han estado surfeando en la ola feminista. Ayer noventa mil mujeres marcharon contra las violaciones y los feminicidios en Paseo de la Reforma, y hoy celebran “el día sin ellas”.

 

 

Jueves 12 de marzo

Después del día sin ellas, ahora son días sin nadie. La publicidad ha cambiado de montura. Después de la causa de las mujeres, la pandemia. Los detergentes se jactan de matar gérmenes y el agua embotellada de estimular el sistema inmunológico.

 

 

Miércoles 18 de marzo

El planeta está cerrando. Cerrados los casinos de Cancún, los cafés Starbucks y McDonald’s, los cines y estadios, el santo sepulcro, la tumba de Lenin y de Tutankamón, la Ópera de Pekín y el zoológico de Chapultepec.

Los Campos Elíseos, la plaza del Tiempo, la plaza Trafalgar, la plaza Tiananmén y la plaza Navona, desiertos. Las avenidas más caras del mundo sin un paisano. Los monumentos más elegantes, nadie que los disfrute. Los panoramas más preciados, ni un cristiano para mirarlos.

Silencio. Calles vacías por todas partes. Los camarógrafos de televisión compiten con talento en mostrar la nada, la ausencia, subrayada por un pequeño detalle que se mueve en el paisaje, un perro errabundo, un policía, un transeúnte inconsciente, imágenes de total soledad, de las que son muy caras de realizar en las películas de ciencia ficción.

 

 

Sábado 28 de marzo

La gente por doquier está cayendo como moscas, y de pronto la tierra respira. China y el norte de Italia vuelven a ver el cielo azul e incluso un delfín retoza en las verdes aguas de los canales de Venecia.

Generosos de repente, los gobiernos prometen pagar a la gente para que se quede en casa, posponer los impuestos o adelantar las pensiones del mes siguiente a los pobres y ancianos. Para encontrar una solución rápidamente, toda clase de magnates y celebridades ofrecen cuantiosas sumas de dinero que seguramente no se les habría ocurrido gastar hace poco.

El mundo se vuelve mejor, canta a coro desde sus balcones. Los que pueden huyen de las grandes ciudades.

¿No tiene más sentido así? ¿No debería ser siempre de esta manera? ¿Qué teníamos que hacer con tanta urgencia antes de ser confinados? ¿Asegurar el crecimiento económico? Ni modo.

El globo se va reponiendo. ¡Qué absurdo que sólo así, a costa de decenas de miles de muertos! ¡Lo hubiéramos hecho antes!

 

 

Martes 6 de abril

En las ventanas de unos enormes barcos de lujo, los pasajeros que salieron en un crucero de ensueño agitan sus brazos como náufragos, su único anhelo: que se les permita desembarcar.

 

 

Lunes 12 de abril

En el vecindario, todo está tranquilo por el momento. El camión de los vendedores de agua lanza su estribillo acostumbrado: “¡A-gua Gu-gar!” en las primeras cuatro notas de Carmina Burana. En la pequeña glorieta del fraccionamiento, la vendedora de tortillas va de puerta en puerta. Al sonido de la “Para Elisa”, el carro de los helados da vueltas alrededor de la torre de agua.

Los siete: el gato, los perritos, la gallina y el gallo, Zayda y yo miramos por las ventanas a nuestro pequeño tiovivo diario, bastante asustados, nos quedamos muy prudentes en casa, en nuestro barco de Noé, nos lavamos las patas a cada rato, sólo salimos por los Whiskas, el maíz y la comida de los humanos.

En el supermercado la gente compra montones de papel higiénico. Mala señal.

“Mantén la sana distancia”. Ya no tengo edad para ello, pero pienso en los adolescentes: ¡qué época tan ruin para ligar!

 

 

Viernes 16 de abril

Tan pronto como el gallo cantó, esa maldita curiosidad: ¿cuántos más hoy?

Entre las cifras de contagiados y las de la devaluación del peso, uno se alegra de volver a ver, al cambiar de canal, a los pistoleros de las haciendas que se saludan con grandes palmadas en la espalda a pesar de los riesgos bacterianos, a los amantes de las telenovelas que se prodigan tiernas caricias sin lavarse las manos, a los soldados de la revolución de 1910 que luchan codo con codo a pesar de las reglas de la sana distancia.

Invitando a los contactos ahora prohibidos, una muchacha canta descaradamente “Bésame mucho”. Agarrados del brazo, los pitufos hacen las rondas como si de nada. Hombro con hombro marchan los militantes de antiguos movimientos sociales. En la película del canal 5, los técnicos de la NASA se estrechan sin fin la mano jubilosos por el regreso de Apolo 13 a la tierra y abrazan sin fin a Tom Hanks, que en la vida real acaba de contraer el virus, según las noticias.

Estas multitudes que no tenían miedo de codearse, esta gente que se frotaba impunemente por un sí o un no, tienen un sabor de otros tiempos, de hace poco, de antes.

Algunos incluso fuman.

 

Martes 20 de abril

La fase tres ha comenzado. Por cierto, ¿cuántas fases hay?

Una vez librado de las actividades no esenciales, uno se pregunta de qué servían. Mucha gente ya no va a trabajar, sobre todo los que hacían cosas inútiles. “No son vacaciones”, retumban los mensajes de la televisión. No hay que confundirse.

“Por primera vez en la historia” el valor del barril de petróleo es negativo: -2.37 dólares. A ese precio, si tuviera el espacio, yo compro y me vuelvo rico.

 

 

Lunes 4 de mayo

Al anochecer, el gallo, la gallina, los perros y el gato siguen los acontecimientos con una mirada compasiva hacia los humanos. Aunque veamos todas las tardes los números, los mapas, las curvas y las explicaciones de las autoridades sanitarias, aunque consultemos todas las mañanas los horóscopos del mago Vannucci en el canal 2, las predicciones de la adivina Mizada Mohamed en el 3, los pronósticos astrales de la vidente Padmé en el 7, seguimos sin tener la menor idea de lo que el mañana nos depara.

 

 

Miércoles de nuevo. Es a menudo miércoles en estos días. Parece que más a menudo que de costumbre.

En la televisión, los comediantes matutinos no logran ser graciosos; su buen humor suena hueco. En la sección “Los famosos en cuarentena”, las estrellas, heroicamente confinadas, se quejan del desempleo.

Hace calor. Treinta grados, por lo menos. Estamos esperando las lluvias.

Labro las macetas del “patio”, los dos metros de cemento que separan la casa de la calle, la distancia recomendada entre nosotros y el resto del mundo.

Dicen que el consumo de alcohol ha aumentado un 63 por ciento desde el confinamiento. Debe ser una publicidad subliminal, porque dan ganas de ir por ese whisky que está en oferta en el Oxxo.

 

 

Oaxaca, Oaxaca

 

 

 

La Bitácora del encierro es un proyecto de la UAM Cuajimalpa