Expediente

Carta a una niña por venir y Extranjero

Carta a una niña por venir

 

Escribir es como silbar en la oscuridad. Creo que alguien dijo eso en algún lugar y si no fue así, entonces alguien debería hacerlo. Saca el miedo del cuerpo, deja que fluya desde el cerebro, que pase por las venas hasta la pluma y después se esparce en la página. Te da un placer tóxico, la seguridad de ayudar a que partes de ti escapen de la muerte.

Llama a esa persona no vista que podría oír y que se acerca. Todos los escritos son testimonio de que esa persona no vista en realidad existe. La llamamos la lectora, la verdadera amiga del libro, la que lee y deja que esas palabras venenosas llenas de tu miedo y esperanzas contaminen su cuerpo y su mente. La persona que te deja vivir dentro de ella. La persona que te lleva con ella, una amiga. Una verdadera amiga. Es por eso que leer es amistad.

Mi querida Luna, mi tierna hija, vas a nacer en tres meses. Tú serás mi persona no vista, mi verdadera amiga, mi lectora que algún día se acercará. Esta esperanza es lo que me permite continuar. Pero no es por eso que estoy escribiéndote estas líneas. Me han pedido que escriba, no “a” sino “para” quienes quieren saber de nuestros males y así poder olvidar los suyos. Después de todo, somos expertos en toda clase de males, somos los mejores para sufrir. Todos cantamos nuestras canciones de tortura y miseria y seremos recompensados con la sonrisa más bonita, la más lujosa que puedas encontrar.

Si finalmente llegas a este mundo, sabrás a que me refiero con la sonrisa más blanca del mundo. Una muy cara, que sólo muy pocos pueden tener. Debes poseer los ejércitos más mortíferos y las economías más grandes detrás de ti para poder mostrarla en este mundo.

Me han pedido escribir sobre cómo me las veo con esta crisis reciente. Es una oportunidad. Han abierto el Kapittel para mí, aunque sus fronteras están todavía cerradas para muchos que viven bajo una crisis no global llamada infierno. Entonces, aprovecho esta oportunidad.

Aprovecho esta oportunidad para contrabandearte a ti en este texto, para que seas leída y, por tanto, existas incluso antes de llegar a este mundo. Incluso si tú no existes en los meses siguientes, incluso si yo no estoy ahí cuando tú nazcas, tú has existido en este texto desde el momento en que escribí tu nombre aquí y nada nos puede quitar esto. Nada puede desescribir lo que ya se ha escrito.

Y es por eso qué aprovecho esta oportunidad para contrabandear a Helin Bölek en este texto. Una mujer turca, música y parte de la banda izquierdista de música folk llamada Yorum. Se puso en huelga de hambre y murió hace dos semanas después de 288 días. También contrabandeo en este texto a 1500 iraníes, incluyendo 23 niños asesinados por el régimen iraní en las protestas de diciembre de 2019. Contrabandeo en este texto a los refugiados afganos desplazados por el régimen fascista de Turquía a la frontera griega, como un Ejército de los Muertos, y mandados después, desnudos y humillados, de vuelta a Turquía por la policía fronteriza griega. Contrabandeo en este texto a todos los sirios muertos o vivos que han sido abandonados para resolver solos una crisis que no era contagiosa. Estamos de pie juntos en esta página y vemos al resto del mundo conduciéndose de manera tan inocente, con la muerte a su propia puerta. Lo hemos visto todo. No es nuevo para nosotros. El distanciamiento social ha estado con nosotros por algún tiempo. Al menos, en mi memoria, resuena con las inmisericordes olas del mar Egeo y con el insoportablemente inocente cuerpo de Alan Kurdi en su costa. El mundo ve la caída de la Unión Europea cuando Francia y Alemania bloquean la exportación de suministros a Italia en su lecho de muerte. Pero lo vi cuando cerró la operación Mare Nostrum.

Pero al mismo tiempo que la muerte recorre las calles del mundo, el nacimiento también está en camino. Nunca hemos estado tan cerca de este sentimiento excepcional de estar parados al lado de cada persona en este planeta, enfrentando un destino común. Después de todo, si leer es amistad, escribir es amor.

 

Extranjero 

 

“El extranjero de los extranjeros”, escribí alguna vez. Edmond Jabes.

Siempre he sido un extranjero, incluso en mi propio país. Mis ojos pequeños, angostos, muy cercano el uno del otro y en forma de almendra han sellado mi destino. En Irán, cuando era chico, de entre todos los niños y las niñas de grandes ojos negros, me veía como un niño de otro mundo. El hijo de Bruce Lee, ese fui durante toda mi infancia. El título gradualmente evolucionó con el tiempo: Toshiro Mifune, Jackie Chan, Steven Segal, el tipo samurái, el tipo de ese programa coreano y “Pues no sé, amigo, a mi me pareces mexicano”.

No era sólo por la apariencia. Era también por todas las cosas extrañas que yo solía leer, ver y decir. Cuando todos estaban obsesionados con Rambo, yo amaba Harry, el sucio.

—¿Quién demonios es Harry, el sucio? —preguntó mi maestro.

—¡Es un detective, profesor! Atrapa a Scorpio, un asesino psicópata que de veras da miedo.

—¿De que planeta eres Shams? (y todo el grupo echó a reír).

Fue entonces que lo acepté. De la misma manera que Harry Callahan. Me quité la medalla de ser originario de algún lugar y me deshice de ella. Me convertí en un extranjero por el resto de mi vida. Un extranjero condenado a llevar calamidades consigo. Esa es la verdad. Vive en mí y va conmigo adondequiera que voy. El mismo día que nací, diez comunistas fueron ejecutados en Irán, Bahman Nikzad, Javad Aghakhani, Ghalom Abolghassemi, Hassan Pahlevan, Fataneh Zarei, Zeinolabedin Sultani, Nasser Mar’ee, Fakhondeh Momeni, Manuchehr Noorafshan y Keyvan Noori. Entre ellos, Fatane Zarei estaba embarazada.

En 2011 me fui a Italia a estudiar y, principalmente, a evitar la persecución en Irán por coeditar una página anarquista en internet. Al llegar a Turín, un antiguo miembro del cuerpo profesoral de mi nueva universidad se dirigió a Roma para convertirse en el siguiente primer ministro italiano. Mario Monti tomó posesión, implementó políticas de austeridad y destruyó las vidas de millones de italianos de clase trabajadora. Aunque la policía antimotines me golpeó mientras estaba en una marcha al lado de mis camaradas italianos en las calles de Turín gritando “Fascisti di merda”, sabía que era mi culpa. Yo lo hice. Yo llevé la crisis conmigo.

Al terminar mis estudios en Italia, regresé a Irán con la esperanza de que el nuevo presidente “moderado” habría olvidado mis “pecados”. No lo había hecho. Entonces, hui nuevamente, ahora a Dinamarca. Cuando llegué a Dinamarca, los socialdemócratas estaban en el poder. Uno podía ver por todas partes carteles que decían “Extranjeros, por favor, no nos dejen solos con los daneses”. Más o menos un año después, el Partido del Pueblo Danés ganó más asientos en el parlamento que en toda su historia. El PPD, entonces, ofreció apoyo al gobierno para la aprobación de la Ley de Joyería, que serviría para requisar objetos valiosos a los refugiados. La legislación recordaba a muchos sobre las horas más oscuras de Europa en los años cuarenta del siglo veinte. Todo era por mí. Yo le hice eso a Dinamarca, yo llevé la sombra oscura a ese bello país. Me fui de Dinamarca a Gran Bretaña cuando me di cuenta de lo que había hecho. La crisis vino de mi mano y tomó una nueva apariencia: Brexit. Yo causé la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea y, como si no hubiera hecho yo suficiente, causé esto: la epidemia de covid 19.

Debo confesar que nunca ha sido tan difícil. Cuando la epidemia de covid 19 comenzó, de nuevo, se me señalaba como chino. Si uno parece chino, uno NO tose en público. Uno sólo habla en inglés por teléfono. La única diferencia es que ahora mis dos identidades son tóxicas. No es seguro parecer chino en estos días y no es sano ser iraní ningún día.

 

 

Traducción del inglés de Germán Martínez Martínez

La Bitácora del encierro es un proyecto de la UAM Cuajimalpa