Expediente

Breve abecedario confinado de la primavera 2020 y sus extensiones

Hacia una micro-mediateca de circunstancia

 

L’Armée des ombres (1969, titulada en español El ejército de las sombras). Me hubiera gustado saber qué vería Jean Pierre Melville en este episodio de la historia, en curso, tan cargado de reminiscencias para quienes aún recuerdan lo que fue la Ocupación. Dejemos de lado la extrañeza de llenar, todos los días, el “ausweiss[1]” antes de salir de casa, o incluso, el ver cómo las farmacias se aprovechan de la escasez de gel y cubrebocas para venderlos a los precios más altos… Lo peor de lo que apenas comenzamos a ver no es eso, sino, más bien, cuando se celebra en los balcones a nuestras enfermeras (ver más abajo la entrada Xopan Cuicatl), a la vez que enfrentan lo que sólo podríamos calificar de abyección — por ejemplo, la que se encontró en su buzón una carta donde sus condóminos le suplicaban que durmiera en otra parte hasta que todo volviera a la normalidad, o bien, la que recibió amenazas de su vecino porque estacionó su coche (¡sí! ¡sí!) a menos de un metro de distancia del suyo, y omito otras… ¿Por qué no les cosemos también una estrella, al tiempo que les rendimos homenaje? “¡Esto es Francia!”, dice una canción.

Babel (2006). El “efecto mariposa”, tan apreciado por Alejandro González Iñárritu, ¿no forma parte constitutiva de todas las pandemias? Estamos obligados, sobre todo si adoptamos una perspectiva societal, a admitir que nunca hemos estado más alejados de una hipotética lengua adánica… Cubrebocas o no cubrebocas, confinamiento parcial o total, prueba o no prueba, remedio o no remedio, niños más o menos contagiosos, ¿a quién cerrar las fronteras? ¡Esa cacofonía a todos los niveles resulta todo un logro desde el punto de vista político y científico!

Corona (1948). Soñamos que ese misterioso poema de amor publicado en La arena de las urnas, el primer libro de poemas de Paul Celan, se dispersa en la Tierra con la misma eficiencia viral que su bacteria homónima. Qué época simbólicamente tan triste, la nuestra, con su “sana distancia”, sobre todo si recordamos, por contraste, la frase que se volvió el emblema de su obra: “No veo ninguna diferencia entre un apretón de manos y un poema” …

Drácula (1897). Y para no dejar Europa Central (no hay que olvidar que Celan nació en Rumanía), ¿qué lección más hermosa de reclusión que la magistral novela gótica de Bram Stoker, donde se articulan en un solo arte el cuento, la correspondencia y el diario, tan desestimada durante tanto tiempo a pesar de las adaptaciones del hipnótico Murnau, y, más cercano a nosotros, Werner Herzog? Recordemos a Jonathan Harker encerrado en el castillo transilvano del conde, donde él mismo se encuentra preso en su sarcófago… Sin contar con que, cuando el conde se extrae, a bordo de ese navío a la deriva frente a las costas inglesas, lo siguen las ratas que van a diseminar la peste por todo el país.

Espacio virtual (1967). Sí, el poema de José Carlos Becerra (que forma parte de Relación de los hechos), aunque sólo sea por un verso, en particular: “retener la respiración como si fuera un secreto respirar”; cada vez que instintivamente nos hacemos a un lado al cruzar a alguien en la acera, nos viene a la mente ese verso.

Ghare Bare (1921). Surgido en un contexto completamente distinto — aunque no nos resulten tan ajenos los conflictos religiosos e identitarios, incluso el terrorismo que le sirve de telón de fondo —, el título de la novela de Rabindranath Tagore (traducido al francés como La maison et le monde[2], y llevado a las pantallas por Satyajit Ray) no podía faltar en esta lista, sobre todo por su maravillosa formulación de la coyuntura. En cuanto a nuestra casa, hace tiempo que apenas me alejo de ella, salvo para viajar, con todo, me sorprendo a mí mismo estos días observando — y fotografiando — sus detalles, más aún que antes, al grado que pienso dedicarles un libro, como lo hizo Rezvani con La Beata[3] en Le roman d’une maison, un libro hecho de imágenes y de toda suerte de fragmentos de escritura, como un gran poema proteiforme.

Huis-clos (1947, traducido al español como A puerta cerrada). Llegados a este punto — y a esta letra —, resulta imposible, desde luego, evitar el teatro de Jean-Paul Sartre (donde también figura, no hay que olvidarlo, Los secuestrados de Altona). De hecho, pienso menos en la obra del autor, también, de Manos sucias, que en la de Roman Polanski, y en todas sus películas (es un maestro indiscutible del tema en el cine, desde El cuchillo en el agua hasta La Venus de las pieles, pasando por Repulsión, Callejón sin salida, El inquilino, Luna amarga y La muerte y la doncella)… Sin embargo, las puertas cerradas a las que hoy día estamos sometidos, subrayan como ningunas otras las desigualdades sociales: en otras palabras, me siento muy afortunado de consignar todo esto navegando de un piso a otro, de la casa al jardín — ver aquí, más abajo…

El Jardín y la diana (¿?). Aquí, desde hace años, cuando hace buen tiempo y entre dos partidos de dardos, a veces muy reñidos, ha ido cobrando forma una colección de poemas escritos a dos manos con A., trazo a trazo, sin plazo fijo. Sin embargo, nunca sospechamos, hasta ahora, que este pequeño jardín de suburbio al que podemos salir a tomar el aire en cualquier momento, se volvería un día tan preciado, por no decir lujoso (ver, aquí arriba Huis-clos).

Knock (1924). “¿Siente cosquillas? ¿Comezón?”, preguntaba el Doctor Knock a uno de sus pacientes… El Ministerio de la Salud va aún más lejos que Jules Romain en el efecto cómico, al difundir sin cesar desde el mes de marzo, en todos los canales de televisión, esta alerta de coronavirus: “Si usted tose, tiene fiebre, flujo nasal, tal vez esté enfermo”. ¿En serio? Sería todavía mejor si dijeran: “Si se le caen los dientes, sus pies se gangrenan y vomita todo el día, ¡tal vez esté enfermo!” Pasaron semanas, meses para que esos doctos comunicadores salieran con esta puntada…

Living in a ghost town (2020). ¡Nada qué hacer! Desde el primer riff me llena de dicha reencontrarme con mi viejo y único profesor de guitarra (¡a una enorme distancia, por supuesto!). Y con nuestros espectros Jagger & Richards, siempre tan fusionables, tanto que a veces remonto las calles casi desiertas de mi barrio con cierta alegría, paradójicamente, con esa canción, que no podría resultar más coyuntural, repitiéndose en mi mente…

Muerte en la tarde (1938). “Nadie se va a dormir en Madrid antes de haber pasado la noche entera de juerga”. Se entiende que para un aficionado a los toros como Ernest Hemingway, París no podía ser la única fiesta (ver más adelante Primavera negra)… A mí, que desde muy joven sólo me ha apasionado el tenis, me parece que algo extraño se desprende estos tiempos de las arenas de los grandes torneos, menos sangrantes, por cierto, y es ese silencio del que, al parecer, les cuesta tanto trabajo sustraerse a ciertos atletas, más aún que del clamor, ocasionalmente excesivo, del público. De lo demasiado lleno a lo demasiado vacío…

Oda marítima (1915). ¡No hace falta dejar atrás el puerto y saltar al puente de un navío para abrazar al mar y sus siglos! ¿Cómo pudo un poeta como Fernando Pessoa, encerrado toda su vida, o casi, entre los cuatro muros de esa oficina, engendrar uno de los más bellos poemas de alta mar? La imaginación sigue siendo el mejor remedio para el encierro.

Primavera negra (1946). En los días que siguieron a los atentados de noviembre de 2015 advertí que el hermoso libro de Hemingway, París era una fiesta (ver más arriba Muerte en la tarde) se había reeditado y distribuido masivamente, y que había llegado hasta los estantes, de ordinario tan indigentes, de las gasolineras de las autopistas. En medio de esta tempestad de Covid y de la multiplicación de auxiliares de respiración, ¿experimentaría Henry Miller ese soplo de libertad tan fuerte que, a pesar de su título, atraviesa el relato de sus años parisinos, y que se percibe, en particular, en el vuelo de sus últimas páginas? (No estamos seguros, sin embargo, de que la Place Clichy coseche, por esto, algún dividendo turístico…)

La Quarantaine (1995, La cuarentena). El mundo actual, cuyas lenguas tienden a empobrecerse de un modo general e ineluctable, se ufana, sin embargo, de especificar esta o aquella función, o expresión con un escrúpulo de precisión que a veces roza el ridículo. Ahora son “técnicas de piso”, no sirvientas, “profesores de escuela”, no maestros, etcétera (me viene a la memoria, con delectación, aquel despachador de gasolina que, divertido con el fenómeno, decidió autoproclamarse ¡“carburólogo”!) Así las cosas, esta cuarentena de catorce días se volvió “catorcena” — y ahora “septena” (¿por qué no “semana”, para el caso?), y después, “sextena”, “cinquena”, y así sucesivamente. ¿Y qué decir de la mayoría de los protagonistas de la novela de J.M.G. Le Clézio, a quienes sólo la muerte puso fin a su cuarentena? ¿La llamaríamos ”vidatena”? ¿”Mortena”? ¡Eso es alta definición!

Les Raisins de la colère (1939, traducida al español como Las viñas de la ira). Hay lecturas o relecturas circunstanciales (La cuarentena, evocada hace un instante, o incluso El húsar en el tejado, El amor en los tiempos del cólera y La peste), y otras de carácter premonitorio como la del cuadro de la Gran Depresión pintado por Steinbeck. (Tal vez resulte interesante hacer notar, de paso, que la bella adaptación a la pantalla grande que hizo John Ford amputó, sin embargo, el magnífico último capítulo, para poner en relieve una patriótica esperanza). ¡Que se nos prepare, entonces, para los peores mañanas económicos, mientras tanto, nótese que el CAC 40[4], por su cuenta, no va tan mal, más bien lo contrario!

Sospecha (1941). Aquí, muy aparte de la película de Alfred Hitchcock, se nos presenta la oportunidad de añadir un epílogo a la entrada inicial de este abecedario con una elocuente anécdota de esta era de la sospecha… Una mujer asiática tuvo que atravesar, en un segundo (y con toda amabilidad), la fila de espera de una oficina de correos para seguir su camino, sin embargo, la alcanzó la estupidez humana: “¡Mira eso! ¡El virus nos viene de ellos y ni siquiera trae cubrebocas!”) Estoy seguro, por lo demás, de que el cretino que dijo eso sería incapaz de decidir si la mujer era china, tailandesa, japonesa o coreana…

Trop c’est trop (1957, traducido al español como Demasiado, es demasiado). Dime, Blaise (ver más adelante Zazie en el metro), ¿qué cara pondrías si la cubierta del Panteón se cerrara sobre los restos de Rimbaud y Verlaine? ¿Y que, en una feliz casualidad, nos los confinaran allí en pleno confinamiento? ¿Qué hará Macron-Maestro-Limpio con los demás malditos del siglo XIX? ¿Dónde meteremos, caray, a Mallarmé, a Corbière, incluso a Germain Nouveau? ¿Bajo el Arco del Triunfo? Si no saben qué hacer con los poetas vivos, por lo menos dejen en paz a quienes, en su tiempo, murieron, al menos en parte, a causa de la indiferencia de gente como ustedes, más aún cuando jamás estuvieron al servicio de ninguna nación. ¿De qué, entonces, la patria les estaría, hoy día, “agradecida”?

Un dique contra el Pacífico (1950). ¿Nuestra querida Marguerite Duras podía ver el Pacífico desde su gran secreto interior? Lo más difícil de combatir es lo que no tiene forma — tan es así, que la monstruosidad puede anidar en la más ínfima partícula.

Viaje alrededor de mi habitación (1794). ¡Sin comentarios! Aunque no sería descabellado añadir aquí, a esta obra mayor, dos relatos ulteriores que confirman la inclinación de Xavier de Maistre por el enclaustramiento: El leproso de la ciudad de Aosta y Los prisioneros del Cáucaso.

Wish you were here (1975). Burlándome con más frecuencia de lo normal de los males de estos tiempos, me vino a la mente, de improviso y por decirlo así, inconscientemente, una vieja balada del célebre Flamenco Rosa, sin saber bien por qué, y en seguida me di cuenta (a smile from a veil, your heroes for ghosts, a lead role in a cage), de que tiene todo para conocer una segunda juventud en los oídos de quienes, por ahora, se ven separados. En revancha, me sentí un poco más viejo al darme cuenta de que, en unos años, ya podría despertar cierta nostalgia en los EHPAD[5]

Xopan cuicati (siglo quince). ¡Ah, Nezahualcoyotl, señor de Texcoco y de los culúas, el poeta en lengua náhuatl más estimado en su tiempo, nos ofrece un “Canto de primavera” muy distinto! De él desprendo estos tres versos: “Los cascabeles se hacen oír, / A ellos responden / Nuestras sonajas floridas.” Resulta imposible no pensar en las cacerolas y cucharas que todas las noches sonorizan balcones y ventanas a la misma hora, en señal de apoyo al personal de salud (ver más arriba L’Armée des ombres). Sin embargo, dudo en sumarme con mi campana india de Hanuman, temo que todo eso sólo sea solidaridad efímera, folclore, un desahogo sin consecuencia…

Y amarres invisibles[6] (¿?). Por fin un manuscrito al que no me dará ningún trabajo poner lugar y fecha de terminación. Ese es su título ya traducido al español — ¿qué tiene de malo soñar? — para facilitar las cosas, dada la ralentización editorial, aun cuando ni siquiera está cerca de aparecer en Francia.

Zazie en el metro (1959). ¡Si tú supieras, Zazie! En estos tiempos no te sería difícil encontrar algunas estaciones abiertas para realizar tu sueño; al contrario, ni la sombra, o casi, de un turista, el restaurante-bar Au Nyctalope, la Torre Eiffel, el Mercado de pulgas y tu querido cabaret “homosessuel”, cerrados… Cerrados incluso, ¡imagínate! Raymond Queneau y Louis Malle — pero en este desierto, tú, que decías haber envejecido al cabo de tus aventuras parisinas, sabrías recurrir, con tu extravagancia y nuestro viejo amigo Cendrars (ver más arriba Trop c’est trop), a nuevas astucias para convencernos de que “el solo hecho de existir es una verdadera felicidad”.

*

Esta noche me doy cuenta de que sólo me faltan tres letras con las que antaño daba gusto cerrar una novela — o el rodaje del plano de una película, así fuera de horror, con la claqueta de

F I N

 

 

Traducción del francés de Conrado Tostado

 

[1] Identificación oficial, en alemán (n. del t.).

[2] La casa y el mundo (n.del t.).

[3]La Béate (La Beata), nombre de la cabaña o villa, protagonista de Le roman d’une maison (La novela de una casa), del escritor francés Serge Rezvani, publicada en 2001 (n.del t.).

[4] Índice de la Bolsa de París, referencia de los mercados bursátiles europeos (n.del t.).

[5] Asilos de ancianos. Établissement d’hébergement por persones agées dependantes (EHPAD), literalmente Establecimiento de albergue para personas mayores dependientes. (n.del t.)

[6] En español en el original (n. del t.)

La Bitácora del encierro es un proyecto de la UAM Cuajimalpa